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Las Emociones

Por: Adán Murillo

En muchas ocasiones decimos que estamos emocionados cuando recibimos una buena noticia, como cuando nos dan un regalo o cuando la persona de la que se está enamorado o enamorada nos da el “si”. En ocasiones alguien nos puede decir que somos muy sentimentales porque quizá tendemos a llorar cuando vemos o escuchamos una mala noticia, pero ¿qué son las emociones? ¿Qué son los sentimientos? ¿Qué diferencia hay entre una emoción y un sentimiento? ¿Para qué nos sirve conocer nuestras emociones?

EMOCIÓN

Una emoción es básicamente una respuesta psicofisiológica de poca duración y muy intensa ante un estímulo externo como un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo; éstas alteran la atención y generan una conducta como respuesta. Conocer nuestras emociones nos sirve para interactuar con otras personas de forma adecuada. Algunos estudiosos mencionan que el ser humano puede experimentar un poco más de dos cientos cincuenta emociones, pero casi todos coinciden que hay más o menos cinco principales, que son: AMOR, MIEDO, ALEGRÍA, TRISTEZA y ENOJO; todas ellas son de suma importancia, porque las vivimos en el cuerpo, no son sólo conceptos abstractos.

SENTIMIENTO

Un sentimiento es una sensación de mayor duración pero de menor intensidad, es un estado de ánimo auto percibido, es decir se está consciente del estado y lo podemos expresar con palabras, el sentimiento es el resultado de las emociones sostenidas con el tiempo, así podemos estar enamorados, alegres o enojados continuamente.

EMOCIONES POSITIVAS Y NEGATIVAS

Hay emociones llamadas positivas porque nos provocan sensación agradable y por consecuencia, las negativas son aquellas que nos dan sensación desagradable. Durante todo el día estamos recibiendo estímulos que nos proporcionan emociones positivas o negativas con diferentes tonalidades, intensidades y matices, no las podemos evitar pero si controlar; por eso el apóstol Pablo las mencionó en los frutos del espíritu y la carne: "Digo pues: Andad en el espíritu y no satisfagáis la concupiscencia de la carne, porque la carne codicia contra el espíritu y el espíritu contra la carne y estas cosas se oponen la una a la otra para que no hagáis lo que quisiereis… y manifiestas son las obras de la carne que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, banqueteos y cosas semejantes a éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado que los que hacen tales cosas no heredaran el reino de Dios, más el fruto del espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Contra tales cosas no hay ley, porque los que son de Cristo han crucificado la carne con los efectos y concupiscencias". (Gálatas 5:16-25). No podemos hacernos insensibles a los emociones negativas, pero si podemos dominarlas hasta que mueran (crucificarlas), porque si nos dominan siendo sus esclavos estamos alejados de la voluntad de Dios, pero si hacemos crecer en nosotros las emociones positivas, estaremos viviendo realmente nuestra vocación estando cerca de Dios.

DOMONIO PROPIO

Conocernos a nosotros mismos, es decir, identificar lo que en nuestro cuerpo sucede al tener una emoción negativa; controlarla nos hará tener "dominio propio" o autocontrol. Por ejemplo, si sé lo que pasa en mí cuando algo me hace enojar, cualquier cosa que diga no la diré conforme a la voluntad de Dios "Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios". (Santiago 1:20); "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia". (Efesios 4:31). Por eso al dominar nuestro enojo, es mejor no decir nada, hay que controlar la lengua. "La lengua apacible es árbol de vida; más la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu". (Proverbios 15:4).

EMPATIA

Una vez que somos capaces de dominarnos, entonces podremos ser empáticos, es decir, ponernos en los zapatos del otro; de esta forma podemos comprender a los demás. Si hablan conforme a la carne, nosotros siendo espirituales, debemos comprenderlos y ayudarles, no respondiendo "mal por mal" y verán que se evitan muchos conflictos. Mantendremos una sana convivencia con todos siendo luz. "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su hijo nos limpia de todo pecado". (I Juan 1:7). Procuremos tener en nosotros y provocar a los demás las emociones positivas, de modo que se vuelva un factor que nos convoque a la unidad. "Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo". (Colosenses 2:2). Nuestro señor Jesucristo nos comprende, por eso dio su vida, "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos". (Juan 15:13). También el Apóstol Pablo era empático "Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos". (I Corintios 9:22).

CRECIMIENTO

Reconozcámonos a nosotros mismos, fortalezcamos las emociones positivas (frutos del espíritu) y tengamos dominio propio, después comprendamos a los demás y ayudémonos juntos a crecer como iglesia. "Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras". (Hebreos 10:24).

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