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Desnudez

Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”. (Génesis 3:10).

En el libro de Levítico capítulos 18-20, tenemos varias instrucciones sobre la desnudez, las cuales la muestran como un acto impuro y abominable. Aunque es muy detallado el cuidado sobre la desnudez en el libro de Levítico, hay un hecho que ocurrió mucho tiempo antes, el cual es el caso de Adán y Eva. Después de haber desobedecido a Dios y tomar del fruto del árbol del bien y del mal, ambos se dieron cuenta que estaban desnudos. "Y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos". (Génesis 3:6-7). Posterior a este hecho, Dios se encontró en el huerto buscando a Adán, y al no hallarlo, le preguntó: ¿Dónde estás tú?, a lo que Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”. (Génesis 3:10).

La relación que debe prevalecer entre el Padre y nosotros, es de confianza y amor, todo lo contrario a lo que sintió Adán en ese momento cuando se vio desnudo y tuvo miedo. Recordemos que antes de su desobediencia, Adán y Eva estaban desnudos en el huerto del Edén y no sentían ese temor o vergüenza entre ellos ni delante de Dios, sino hasta que comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal. (Génesis 2:25).

La mayoría de las personas tenemos un concepto de nosotros mismos de ser personas buenas o justas; sin embargo, cuando conocemos la Ley de Dios, nuestros ojos son abiertos y nos damos cuenta que nuestra supuesta bondad está muy lejos de la verdadera justicia, la cual proviene de Dios. (Romanos 7:7). El conocer nuestra condición de pecado es algo difícil de aceptar, quizá sintamos vergüenza de acercarnos a Dios y allegarnos a Su iglesia.
 
Sin embargo, debemos saber que el Señor Jesucristo nos mostró, con su vida y testimonio, que hay una manera de cubrir esa desnudez en nuestras vidas; venciendo esa ley carnal que nos gobierna y nos aleja de Dios, y quitando el pecado de nosotros. (Romanos 7:18-25). Dios realizó un "sacrificio" para cubrir la desnudez de Adán y Eva con pieles de animales; esa ley de sacrificios para cubrir el pecado, permaneció hasta la crucifixión de Jesús; pero ahora es necesario que cubramos nuestra desnudez, no más con pieles de animales, ni con justificaciones de hombres, ni con las hojas de una higuera (Génesis 3:7), sino por medio del sacrificio del Hijo de Dios, quitando "el viejo hombre" de pecado y "vistiendo el nuevo hombre, que es criado conforme a Dios en justicia y en santidad de verdad". (Efesios 4:24).

Estando vestidos de amor y de justicia no tendremos razón para estar avergonzados delante de nuestro Padre Celestial, ni tendremos miedo al saber que Su venida se aproxima, antes nos gozaremos Y ACLAMAREMOS SU VENIDA para verle al fin cara a cara.

"Puesto que en verdad habremos sido hallados vestidos, y no desnudos. Porque así mismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida". (II Corintios 5:3-4).

El Señor Jesucristo proporciona estas vestiduras a quien las acepte:

"Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado. Y le fue dado que se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino son las justificaciones de los santos". (Revelación 19:7-8).

Este lino fino y brillante (justificaciones de los santos) ha sido proporcionado desde hoy para cubrir nuestra desnudez lo más pronto posible; de manera que, cuando el Señor venga, no nos halle esta vez “desnudos del Espíritu”, sino vestidos de Su justificación.

  • Written by: César Gálvez
  • Miércoles, 22 Agosto 2018
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